Los siete estados de la salud y los siete estados de la enfermedad 6 & 7

Sexto estado de la salud

Tener buena memoria

Caminando por la vía de la transcendencia, una vez superados los anteriores estados, el hombre cósmico, sin limitaciones ni fronteras, empieza a recordar quien es realmente; su recuerdo va mucho más allá de los límites de su propia vida. La intuición se transforma en un atributo de la consciencia y poco a poco va tomando cuerpo y esta presente en todas las acciones que realiza. Desde el punto de vista físico, toda acción que realiza este hombre tiene un sentido básico para su cuerpo. Su memoria hace innecesario que se instruya en libros y formulas; puede ser incluso, que este hombre llegue a leer muchos libros de los que consideramos instructivo pero no toma partido por ninguno. Respetándolos todos, se dejara llevar por su propio instinto.
En este estado de gracia no se pretende absolutamente nada, ni evangelizar, ni remitir, ni convencer, simplemente su ejemplo sirve para que otros al contemplarse en él, puedan iniciar cambios en sus vidas que les permitirán encontrarse consigo mismo.

Los párrafos anteriores se refieren, naturalmente, a lo que viene en llamarse memoria cósmica, o sea, la capacidad encontrarse en cada instante con la repuesta a todos los estímulos. En una palabra, vivir las nuevas experiencias de acuerdo con las enseñanzas recibidas en el mismo instante en que se producen (sin tener que revisar libros ni apuntes ni memorias).
Este estado de consciencia corresponde al Sexto Chakra o “Ajna” en sanscrito, y se localiza en el entrecejo. Corresponde à la apertura del sub-consciente, y todas las religiones tanto la búdica como la islamista y demás le dan el valor de la iluminación.

Asimismo este centro energético desarrolla et seto juicio del hombre denominado “Juicio ideológico” que, en contra de lo que parece, no corresponde a la imposición de la ideología sino al encuentro con la propia identidad del ser.

Sexto estado de la enfermedad

El aislamiento


Bajo la piel de la enfermedad degenerativa, el hombre se pierde en un mar de tormentas interiores que le hacen naufragar en un poco del cual no puede ni salir ni liberarse. Su vida se mueve dentro de un torbellino de pasiones, ansiedades y angustias sin limites.
Del remolino interior que se profunda insatisfacción genera, surgen la mas perversas y crueles acciones contra si mismo ya que su agresión es permanente; y, naturalmente, contra los demás.
En este proceso de auto-destrucción hasta limites insospechados, el individuo tiene dos ocupaciones : o bien se auto-destruye a si mismo, responsabilizando de su ruina a los demás, o bien se acoraza dentro de una idea obsesiva que él mismo es incapaz de desarrollar y la catapulta hacia sus semejantes, transformándose en un fanático que, al no satisfacerse a si mismo, se identifica con la idea y elimina sistemática y cruelmente todo lo que pueda oponerse a ella; su agresividad es total (en este estado se encuentran muchos políticos y dictadores, así como lideres religiosos o capitanes de empresa que utilizan sus cometidos no como base de realización personal sino como plataformas para ser adorados como dioses, desde fuera, porque ellos son incapaces de integrarse con la totalidad desde su interior).

Desde el punto de vista físico, encontramos aquí lo que llamaríamos “locura”, es decir, todas las psicopatías t psicosis graves: paranoia, esquizofrenia,…

Séptimo estado de la salud

Tener el sentido de la justicia
¿Cual es el verdadero valor de esta palabra?
Solo un ser que haya madurado dentro de si mismo toda su capacidad intuitiva puede llegar a comprenderla. La justicia no tiene definición, porque en si, no es otra cosa que la vida misma y tampoco es posible interpretarla ni analizarla ni, por tanto juzgarla. Cada ser humano tiene su propia capacidad para hacer la verdadera justicia consigo mismo, o sea, dejarse libre y fluir ante la realidad de la existencia, sin que el deseo, ni la ansiedad, ni la tristeza, ni tan siquiera la alegría, puedan hacer mella en él.

Tenemos que entender el significado del “Juicio supremo” del hombre que es nada mas que el punto central entre el pasado y el futuro. Este base intemporal, alejada de las fluctuaciones que produce la ilusión del tiempo, ofrece en cada instante la posibilidad de desarrollar cualquier nuevo mecanismo de experimentación, con lo cual el conocimiento se amplia hasta llegar al punto de fundirse con la totalidad. Corresponde al séptimo Chakra, “Sahasrara”, o centro de energía coronario.

Septimo estado de la enfermedad

La separación de la totalidad
Cuando el estado de incomunicación interior es total, el objetivo de la vida que tratamos de experimentar dentro de uno mismo, se ha perdido, por lo cual esta ya no tiene objetivo ni tampoco sentido. Así pues, el resulta es la muerte. Pero no una muerte natural, sin sobresaltos, con aceptación y comprensión de que esta no es mas que un paso en la escala depurativa de la energía en su camino hacia el infinito, sino una muerte sin sentido, donde no existe la comprensión, con sufrimiento, con culpabilidad, aferrándose a los apegos materiales y emotivos. Esta muerte se consigue día a día, después de degenerar todos los estados de consciencia del individuo. Un ejemplo claro de este estado de descontrol y perdida de la consciencia es el suicido. De hecho, es una forma de terminar, aunque también es un suicidio lo que el individuo realiza cada día, olvidándose de los síntomas, de todos los avisos que le ofrece su cuerpo (físico, emotivo, mental), y que le llevan irremisiblemente a un final triste y doloroso, pues su ceguera le impide darse cuenta de los que puede existir mas allá. Este es el caso horripilante de los finales en las enfermedades degenerativas en que el que las padece debe consumir cantidades importantes de calmantes y drogas, y aun así, su dolor es tan importante que, por aferrarse a una vida sin esperanzas, su epilogo es un calvario e incluso llega a perturbar gravemente a las personas de su entorno.

El hombre, en su estado actual, debe aprender a través de la observación. Los conceptos analógicos y analíticos implícitos en la personalidad humana, pueden ser comprendidos a través de saber observar el entorno natural que le rodea.
Ya los antiguos chinos utilizaban métodos comparativos entre el hombre y la naturaleza.

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